Pablo Hiriart
El pantano
Las propuestas de los candidatos presidenciales en materia educativa son dignas de aplauso, pero chocan con una realidad que ellos soslayan.
Esa realidad estaba ayer en la portada de La Razón: maestros “democráticos” de Guerrero arrojaron cientos de miles de ejemplares de la prueba Enlace, destruidos, en el estacionamiento del Instituto de Educación Básica de Chilpancingo.
Ante eso, ¿qué se puede hacer?
Las mejores intenciones se van a estrellar siempre con el valladar de maestros exaltados que no permiten al Estado evaluar su desempeño y destruyen las pruebas que están destinadas a aplicarse a los alumnos.
¿Alguien sabe cómo se arregla eso?
Cuando el priista Ulises Ruiz intentó desalojar a los maestros de la sección 22 de la plaza que ocupaban en la capital de Oaxaca, los maestros tomaron la ciudad, le incendiaron el palacio de Justicia, tomaron radiodifusoras, el aeropuerto, asaltaron hoteles y hasta muertos hubo.
Por ahí no va el arreglo. Ruiz terminó su sexenio con el estigma de “represor”, solo, retirado de la política.
Su sucesor, el panista-perredista Gabino Cué, tampoco pudo con el problema. Para “solucionarlo”, le acaba de dar a los maestros la facilidad de no ser evaluados, no aplicar la prueba Enlace y que las plazas se sigan asignando por herencia o por dedazo del sindicalizado que se retire.
En Guerrero, el gobernador perredista Ángel Aguirre Rivero también se echó para atrás con la evaluación a maestros, y en cuanto a la prueba Enlace para los estudiantes ya les ofreció a los profesores “democráticos” que fuera voluntaria.
El agradecimiento a su capitulación se vio en el estacionamiento del Instituto de Educación Básica de Chilpancingo: ciento de miles de pruebas destruidas, tiradas en el piso como si se tratara de basura.
¿Computadoras para todos? ¿Universidades digitales? ¿Aulas inteligentes? ¿Incentivos económicos a maestros según resultados?
Todo lo anterior está muy bien, pero no se puede realizar porque hay una oposición salvaje, sí, salvaje, a cualquier innovación de parte de los maestros de Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas.
Paradójicamente, son los estados más pobres del país.
Y estamos hablando de cinco millones de niños y adolescentes que están condenados, por sus maestros, a vivir fuera de las mediciones nacionales e internacionales, sujetos a lo que los profesores “democráticos” les quieran enseñar.
¿Entonces? ¿A qué vamos a jugar en el próximo sexenio?
A más de lo mismo. Por las buenas no entienden. Y por las malas, a quien lo intente, le va a pasar lo que a Ulises Ruiz.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
Uso de razón
Pablo Hiriart
Otra vez, la letanía del “fraude”
Usar celulares en la mesa es de pésimo gusto y enviar mensajes mientras se conversa con alguien resulta una grosería, pero incluir a ese desagradable pero útil aparato como un instrumento de fraude electoral, es buscarle tres pies al gato.
Y acusar a Miguel Osorio Chong de exigir “cuotas” de votos a los gobernadores para su candidato presidencial, es despreciar el papel de los ciudadanos en la elección.
Suponer que los gobiernos estatales tienen la capacidad de manipular el padrón, de taparle los ojos a los representantes de los partidos en las casillas y controlar a los cientos de miles de ciudadanos que fungirán como funcionarios en los centros de votación, es ofensivo para todo el país.
En pocas palabras: empezamos a oír la misma letanía de hace seis años.
El candidato derrotado en las elecciones pasadas ofendió incluso a sus compañeros de partido que le hicieron el favor de representarlo en las secciones y contaron los votos cuando se abrieron las urnas.
López Obrador les dijo que se habían vendido. Que por eso perdió.
Ahora señala que Osorio Chong ordenó a los gobernadores del PRI cumplir con una determinada cantidad de votos en cada uno de los estados que gobiernan.
Es decir, ya habla de lo que en su opinión será un fraude en contra suya. Qué falta de respeto hacia “el pueblo”, como llama él a los que sí les cree. Será precisamente el pueblo quien haga la elección.
Los que van a votar, los que nos pongan la tinta indeleble, los que nos entreguen las boletas electorales, los que verifiquen el número de nuestra credencial de elector, los que abran las urnas, cuenten los votos, sumen y vigilen, ¿qué son?
Ése es el pueblo, y no esa abstracción que se utiliza cuando queremos que un juez invisible nos dé la razón.
Y ahora está el cuento de los teléfonos celulares como ingrediente para acusar, después de la elección, un fraude.
Por supuesto que es deseable que no se use el celular cuando se vaya a votar, como tampoco lo es cuando se come con otras personas, cuando se maneja o se escucha una conferencia.
Pero plantear a estas alturas la exigencia de que no se vote con un celular en la bolsa, es introducir un elemento sorpresivo como causal de nulidad de las elecciones.
Ni con una ampliación presupuestal extraordinaria se lograrían adquirir y repartir en todos los centros de votación del país los artefactos para detectar celulares en las bolsas de los votantes.
Además, qué paranoia.
Dentro de diez días tendremos elecciones vigiladas, competidas, con reglas que pueden no gustarnos pero que fueron parejas, con consejeros elegidos por todos los partidos sin excepción, y con cientos de miles de ciudadanos que salieron sorteados para tomar la decisión del electorado.
Lo demás es una vieja letanía que ya conocemos y sabemos.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
Uso de razón
Pablo Hiriart
El desperdicio de un movimiento
El movimiento #YoSoy132 pasará a ser sólo una anécdota pues desperdició grandes oportunidades para impulsar transformaciones y jugar un papel activo en cuestiones públicas de relevancia.
Su primera falla es que no tiene causa.
La “democratización de los medios de comunicación” se agota en la demanda de una tercera cadena de televisión, que sin duda sería bienvenida junto con una tercera o una cuarta.
Sin embargo esa tercera cadena está lejos de explicar qué significa “democratizar a los medios”. Una y otra cosa no guardan relación. El movimiento inició en la Universidad Iberoamericana con un acto de sabotaje preparado de antemano contra un candidato presidencial.
Las máscaras de Carlos Salinas no se venden en la cafetería ni están disponibles en la biblioteca. Alguien las mandó hacer y las distribuyó con antelación. Es decir, fue un acto preparado.
Los gritos de ¡asesino! a Peña Nieto —que provocó la cancelación de su entrevista en Radio Ibero— por lo ocurrido en Atenco hace seis años no cuadran con ninguna lógica estudiantil de 2012.
En lo que va del sexenio los estudiantes asesinados han sido los de la escuela Normal de Ayotzinapa, en Guerrero, que cayeron por las balas de la policía estatal de un gobierno del PRD.
Y los otros estudiantes asesinados fueron los jóvenes del Tecnológico de Monterrey, en la capital neoleonesa, abatidos por elementos del gobierno federal.
Jóvenes asesinados hubo en la discoteca News Divine, donde más de media docena de muchachos murieron asfixiados debido a una redada anticonstitucional de la policía del DF.
Hasta ahora solo hay un detenido por esa masacre, y no es un policía ni un Ministerio Público, sino el dueño del local.
Nada de eso ha estado en la agenda de los jóvenes del #132, sino que sus pancartas tienden a poner en relieve el sentimiento de algunos en “no más PRI”.
¿No más PRI? El PRI dejó de gobernar hace una docena de años. Y en la capital del país, donde se concentra el movimiento #132, el PRI no gobierna desde hace 15 años.
Los jóvenes del #132 se declararon “anti Peña”. Nadie les regatea su legítimo derecho a tener preferencias partidistas, pero sus impulsos excluyentes les han impedido ser actores centrales con iniciativas como el debate de ayer en la CDHDF.
La organización de los debates suele correr por cuenta de instituciones u organismos imparciales. Por eso los que hemos tenido los convoca el IFE.
Una agrupación excluyente, como es #132, le cerró la puerta al candidato del PRI y con ello acotó su margen de influencia.
Por último, evocar la figura de la “primavera árabe” y asociarla con #132 no puede ser más desafortunado, pues aquellas nacieron contra dictaduras y no para erosionar una democracia.
Y muy probablemente veamos después de las elecciones a una parte del movimiento estudiantil en movilizaciones contra la voluntad ciudadana expresada en las urnas.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
Uso de razón
Pablo Hiriart
La manipulación del #132
Si alguien pensaba que el movimiento #132 es una agrupación ajena a un candidato presidencial que tiene por objetivo “democratizar los medios de comunicación”, ayer debe haber sufrido una severa decepción.
Y si Josefina Vázquez Mota va a debatir esta noche con López Obrador, tiene que estar consciente de que es parte de una estrategia de posicionamiento del abanderado del PRD-PT-MC.
El debate no es para oír propuestas, sino para golpear a Peña Nieto y poner a López Obrador como el beneficiario “natural” de la estrategia perredista del voto útil.
A juzgar por lo que conocemos en las grabaciones dadas a conocer ayer, la estrategia de López Obrador es convertir el encuentro de esta noche en un “debate por el repechaje”.
Uno de ellos debe pasar a la final contra Peña Nieto. Y no es Josefina. La extensa conversación del vocero de los estudiantes del Tec de Monterrey en el #132, Saúl Alvídrez, con uno de los dirigentes de la Universidad Iberoamericana, Manuel Cossío, es reveladora, dolorosa y cruda.
El movimiento forma parte de una estrategia más amplia para llevar a López Obrador a la Presidencia.
Uno de los ejes de esa estrategia, según el dirigente del Tec y otros personajes aparentemente ajenos al movimiento estudiantil que diseñan los pasos del #132 para beneficio de la candidatura de AMLO, es que el abanderado del PRD-PT-MC no aparezca vinculado de manera explícita al movimiento.
“Si (AMLO) tuviera el poder de regañarme a mí, si yo en algún momento logro que esto se haga obradorista, él me regaña güey, porque sabe que estratégicamente es una pendejada”, dice Alvídrez.
Desde luego que las revelaciones de uno de sus máximos dirigentes no comprometen a todo el movimiento, pero queda claro que la conducción de éste no es autónoma.
Alvídrez fue cesado de inmediato de la dirigencia del #132, pero eso no borra lo que dijo.
Estaba “coucheado” por Alejandro Encinas y otros personajes que diseñan la estrategia de López Obrador.
Con Encinas, ex dirigente del Partido Comunista Mexicano, se gestionó la visita de la joven comunista chilena Camila Vallejo, “invitada” por la UAM. Entre los miembros de los que apoyan al movimiento #132, estarían Epigmenio Ibarra, Jenaro Villamil, Anabel Hernández y John Ackerman, entre otros.
La orientación que recibía de parte del grupo obradorista, narra el dirigente de #YoSoy132 en el Tec, no debía conocerla el resto del comité “porque van a saber que el control no lo tienen ellos”.
Eso es manipulación, lo que tanto negaban, por desconocimiento o buena fe. Y como siempre sucede en esas estrategias que llevan a jóvenes como carne de cañón, la manipulación del movimiento se hizo a espaldas a muchos de sus dirigentes y estudiantes.
Si Josefina va hoy al debate, debe saber que va a una estrategia que no es la suya.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart


